jueves, 19 de febrero de 2015

Fortines de la Guerra Civil Española en Colmenar del Arroyo








Este fortín circular construido durante la Guerra Civil Española (1936-1939), es una de las obras más completas de estas características en toda la Comunidad de Madrid. 

Se localiza en Colmenar del Arroyo (Madrid), fuera del casco urbano, en la M-610, antes del desvío hacia Fresnedillas de la Oliva. 

Fue construido entre Noviembre de 1938 y Enero de 1939 como refuerzo del flanco izquierdo del sector Nacional, para evitar un posible ataque Republicano como el ocurrido en Julio de 1937 en la Batalla de Brunete, cuando tropas de la República estuvieron a punto de embolsar y aniquilar parte de las tropas Nacionales que asediaban Madrid, si bien la falta de iniciativa y una evidente mala dirección, hicieron fracasar estrepitosamente la ofensiva. 

A finales de 1938 el mando del Ejército Nacional, idea un plan para la defensa de las encrucijadas y cruces de las principales vías de comunicación del flanco Oeste de la Sierra. La finalidad de dicho programa era tanto impedir el progreso de fuerzas Republicanas que actuaban a menudo de manera autónoma y desordenada a esas alturas de la contienda, como servir de refugio a tropas nacionales aisladas o desbordadas por las continuas modificaciones de la línea de combate en torno a la ciudad de Madrid. 

Su construcción responde al tipo de bunker denominado “Blockhaus”, que ya había demostrado su determinante importancia durante gran parte de la guerra de trincheras, desarrollada en el Frente Occidental durante la Primera Guerra Mundial, con eficacia demostrada en impresionantes asedios como los de Ypres o Verdún. 

El proyecto inicial contemplaba la construcción de otros 16 fortines del “tipo blockhaus” en otros tantos nudos de comunicación de la zona, así como la construcción de otro bunker gemelo al otro lado de la carretera, unido al actual mediante un subterráneo que aún se conserva, si bien el final de la guerra, finalmente hizo innecesaria su construcción. 

Numerado con el Nº 13, el Blockhaus de Colmenar del Arroyo cuenta con un cuerpo central cilíndrico, con cuatro nidos semiesféricos con cubiertas abovedadas, situados en extremos opuestos, atronerados y conectados entre sí por un pasillo deambulatorio con fusileras. En su parte superior cuenta con un anillo de hormigón, cuya finalidad real no era ni recoger agua (aunque tiene un sistema de evacuación mediante tubería, para dar salida a la que se pudiera almacenar) ni para proteger a sirvientes de eventuales armas, antiaérea o mortero. Se trata de un muro espaldón, que protegía la espalda de los que desde esa cubierta se defendieran arrojando bombas de mano o con fuego de fusilería. Caso de caer un proyectil en ese sitio el muro limitaba los daños de la metralla a quienes estuvieran en el lugar del impacto, salvando a los demás. El acceso al interior del reducto se realiza bien a través del túnel inconcluso destinado a la conexión con el fortín gemelo o desde el exterior a través de dos escalinatas metálicas que conducen al cuerpo central desde el que un estrecho acceso con escalinata permite el acceso al interior. El búnker cuenta con una red propia de saneamiento y evacuación de aguas, así como una zona exterior de defensas mediante zanjas, trincheras y alambradas. 

Gracias a las recientes labores de limpieza y puesta en valor de este yacimiento por parte de la Comunidad de Madrid, se ha descubierto una inscripción en la que acredita su construcción a la 2ª Compañía del Batallón de Zapadores Nº 7, perteneciente a División 71 del Ejército Nacional entre Noviembre de 1938 y Enero de 1939.. El diseño de este tipo de búnker fue tomado como definitivo y utilizado en la construcción de otras fortificaciones en puntos clave para las comunicaciones con el frente. 

Actualmente, tras su limpieza y restauración por parte de la Comunidad de Madrid, el Blockhaus Nº 13 de Colmenar del Arroyo, ha sido incluido en la Red de Yacimientos Visitables volviendo a ocupar el lugar que se merece entre los vestigios de la Comunidad de Madrid de esa horrible guerra que no hace demasiado tiempo desangró nuestro país.

Queremos agradecer a Ricardo Castellano Ruiz de la Torre, las correcciones y puntualizaciones realizadas al texto, aclarándonos el uso y destino de alguno de los elementos del Blockhaus 13. 

Si os interesa saber más sobre el tema, os recomendamos sus libros"Los restos del Asedio" donde nos habla de su origen y planificación y "Arquitectura de la Guerra Civil en la Comunidad de Madrid. Sector de la Batalla de Brunete" con un estudio en profundidad. También os recomendamos una visita a la web www.colectivoguadarrama.org para más información.


Os dejamos un reportaje sobre el Blockhaus 13 realizado justo antes de la restauración os animamos a visitar nuestros Alojamientos Rurales Albus Albi en Colmenar del Arroyo donde tenemos información personalizada a vuestra disposición en el caso de que os interese visitar el Brockhaus 13 y el resto de maravillas que esconde nuestro Bonito Pueblo.



Vista General de los Fortines desde el Norte
Detalle de los Fortines desde el Norte
Flanco Oeste
Aproximación al flanco Oeste. Se pueden observar restos  de una de las trincheras delante del nido fortificado a la derecha de la fotografía
Nido y fusileras en el flanco Oeste

Fusileras y escalera de acceso Oeste

Vista desde el flanco Sur
Fusilera
Tronera del flanco Norte
Vista del Blockhaus Nº 13 desde el flanco Este. el túnel que se aprecia comunicaría con otro búnker gemelo situado al otro lado de la carretera, que no llegó a construirse
Otra vista del flanco Este y el túnel de acceso

Interior del túnel de acceso al interior del Blockhaus Nº 13


Detalle flanco Este y escalera de acceso


Detalle de nido fortificado en flanco Norte


Flanco Norte

Tronera

Escalera de acceso desde el flanco Este


                   Parte superior del blocao. La pieza circular protegía la espalda de los que desde esa cubierta se defendieran arrojando bombas de mano o con fuego de fusilería.
                          Parte superior del búnker, detalle de pieza circular de protección, deambulatorio y escalas de acceso. A la derecha se puede apreciar el estrecho acceso de entrada a la fortificación

                                   Detalle de la escalera del flanco Oeste y escala de acceso a la banqueta, especie de deambulatorio para disparar desde la parte superior del blocao

Detalle de la escala y de la banqueta. A la izquierda se pueden apreciar trazas del forjado del búnker

Escala de acceso al búnker


                                         Escala de acceso desde el interior del búnker. El tubo metálico en la parte superior izquierda servía para conducir las aguas recogidas en la pieza circular exterior

    Pasadizo de acceso al interior del búnker desde la escalera de entrada


Interior del Blockhaus Nº 13. Se puede observar en el suelo una canalización de desagüe


Vista a través de una de las fusileras del flanco Sur


Acceso al nido fortificado del flanco Sur


Al fondo, acceso al nido fortificado del flanco Oeste


Acceso nido fortificado flanco Norte


Acceso nido fortificado flanco Este


Interior del nido fortificado del flanco Oeste


Vista desde una de las troneras del flanco Oeste


Tronera flanco Oeste


Interior del nido fortificado del flanco Norte


Vista a través de las troneras del nido fortificado del flanco Norte


Acceso al túnel de comunicación con el búnker gemelo no construido


Cámara superior (posible almacén de mercancías) sobre túnel de comunicación


Planta y sección del Blockhaus Nº 13
Sección

Detalle de inscripción de la 2ª Compañía del Batallón de Zapadores Nº 7





Si os ha gustado y necesitáis más información podéis visitar nuestra web www.albusalbi.com  o nuestro perfil de Facebook Alojamientos Rurales Albus Albi www.facebook.com/Albusalbi


lunes, 10 de noviembre de 2014

Wilfred Owen, Poeta y Héroe de la Primera Guerra Mundial




En 2014 conmemoramos el centenario de la Primera Guerra Mundial, uno de los horrores que ensombrecieron la primera mitad del Siglo XX, una guerra que comenzó casi sin quererlo como un juego de soldaditos y que acabó convirtiéndose en una espantosa carnicería que acabó con la vida, las ilusiones y las esperanzas de toda una generación de jóvenes de todas las nacionalidades.

La Primera Guerra Mundial supuso el empleo masivo de nuevas armas letales como las ametralladoras, las granadas, los lanzallamas, la artillería de gran calibre, los tanques, los gases asfixiantes, la aviación o el uso masivo de submarinos.

El espanto fue tal, que tanto en los países anglosajones como en Francia y Alemania siguen llamándola la Gran Guerra, con cifras tan horribles como los 11 millones de soldados fallecidos, 21 millones de heridos y mutilados, casi 8 millones de desaparecidos y 9 millones de víctimas entre la población civil. Para que os hagáis una idea, 2 de cada 8 soldados murieron en esta guerra. Cifras frías, tan sólo números escritos en papel, pero cada una de esas víctimas tiene su propia historia, su propio futuro truncado, sus alegrías, sus sufrimientos, sus sueños, sus esperanzas.

Y eso es precisamente lo que quiso contar Wilfred Owen. El sufrimiento cotidiano, la incertidumbre de la muerte espantosa, el espanto de ver morir a sus camaradas, la ausencia de futuro o esperanza,  el horror de los bombardeos, la atrocidad del gas, el dolor y el desgarro.

Muchos jóvenes de todos los bandos contendientes se alistaron en sus respectivos ejércitos, bajo la promesa de gloria y honor, pensando que el conflicto se solventaría en unos pocos meses y volverían a sus hogares como héroes.

En las trincheras dejaron su juventud, su cordura o su vida pintores como Otto Dix, Georges Braque, Henri Gaudier-Brzeska, Oskar Kokochka y escritores como Ernest Hemingway, Ernst Jünger, Robert Graves, Guillaume Apollinaire, Robert Musil, J.R.R. Tolkien, Filippo Tommaso Marinetti, Sigfried Sassoon o C.S. Lewis.

Wilfred Owen, como la mayoría de sus camaradas, se había embarcado en aquella carnicería, totalmente convencido de que era su deber y orgulloso de su patriotismo: aquellas grandes palabras de las que se hinchaban las bocas de la Prensa y de los políticos. Pero la guerra era otra cosa, y nadie se lo había contado.

Y allí, en las trincheras, con el barro hasta el cuello, con las nubes de gas clorhídrico envenenando el aire, y los obuses alemanes despanzurrando a sus camaradas, supieron de golpe lo que era, y perdieron algo más que la vida: sus sueños, sus ilusiones, quizá una familia, la fe en los seres humanos.

Owen había vuelto a la batalla a petición propia, cuando aún estaba convaleciente de pasadas heridas. No era de los que se arredraban. Pero sí fue de los primeros y más clarividentes en comprender de qué iba aquello de la guerra en las trincheras.

Y su testimonio conmovedor es el que traemos hoy a "Desde Albus Albi".

Ecos del Dante de los infiernos, de Shelley, de Yeats, retumban en estos versos como las explosiones. Y el miedo, el terror, el pavor, la masacre:

«¡Gas! ¡Gas! ¡Rápido todos. / Tanteando / torpemente / nos pusimos las máscaras a tiempo. / Pero hubo uno que gritaba todavía / y se agitaba como un hombre en llamas. / A través del visor y de la niebla verde /como hundido en el mar,/ vi que se ahogaba».

Owen se rebela contra el Destino, contra la figura bíblica del padre que les ha llevado a la matanza, y clama en el desierto de la Segunda Batalla del Sambre, una de las más espantosas de la contienda. La voz de Owen es aterradoramente humana: 

«Mi grasa será grano, mi savia para todos. / Sin duda, un día... / Amigo ten por cierto / creo que con las plantas estaré mejor, en paz / con la lluvia y el prado, como antaño /solían empaparme cuando niño».

Un anónimo disparo alemán acabo con su vida el 4 de Noviembre de 1918 mientras cruzaba junto con sus camaradas de regimiento el canal Sambre-Oise.

Su madre recibió la noticia de su muerte el 11 de noviembre de 1918, una semana después de su muerte. Aquel día se firmaba el armisticio, y dicen que estallaba la paz

Si queréis leer más cosas de Wilfred Owen os recomendamos su libro "Poemas de Guerra", editado en castellano por la editorial Acantilado.

Si queréis leer más cosas de la Primera Guerra Mundial os recomendamos "La Primera Guerra Mundial" de Martin Gilbert, "Historia de la Primera Guerra Mundial" de David Stevenson o "1914" de Margaret MacMillan sobre las causas que condujeron a Europa a la locura.

Si queréis ver alguna película sobre la tragedia que supuso la Primera Guerra Mundial,  os recomendamos la desgarradora"Johnny cogió su fusil" de Dalton Trumbo, "Senderos de gloria" de Stanley Kubrick o "Gallipoli" de Peter Weir.

Os dejamos una muestra de la obra de Wilfred Owen.





DULCE ET DECORUM EST (Dulce y honorable es...)

Torcidos, como viejos mendigos bajo sus hatos,
renqueando, tosiendo como brujas, maldecíamos a través del lodo,
hasta que donde alumbraban las luces de las bengalas nos dimos la vuelta
y hacia nuestra lejana posición empezamos a caminar afanosamente.
Los hombres marchaban dormidos. Muchos habían perdido sus botas
Pero abrumados avanzaban sobre zapatos de sangre. Todos cojos, todos ciegos;
Borrachos de fatiga, sordos incluso al silbido de las balas
Que los cansados cañones de calibre 5.9 disparaban detrás de nosotros.


“¡Gas, gas! ¡Rápido, muchachos!”; un éxtasis de desconcierto,
Poniéndonos los toscos cascos justo a tiempo;
Pero alguien aún estaba gritando y tropezando
Y ardía retorciéndose, como ahogándose en cal viva…
Borroso, a través de los empañados cristales de la máscara y de la tenue luz verde,
Como en un mar verde le vi ahogarse.
En todas mis pesadillas, ante mi impotente mirada,
Se desploma boqueando, agonizando, asfixiándose.

Si en algún sofocante sueño tú también puedes caminar
Tras la carreta en la que lo pusimos,
Y mirar sus blancos ojos moviéndose
En su desmayada cara, como un endemoniado.
Si pudieses escuchar a cada traqueteo
El gorgoteo de la sangre saliendo de sus destrozados pulmones,
Repugnante como el cáncer, nauseabundo como el vómito
De horrorosas, incurables llagas en lenguas inocentes,
Amigo mío, no volverías a decir con ese alto idealismo
A los ardientes jóvenes sedientos de gloria
La vieja mentira: “Dulce et decorum est pro patria mori”.


HIMNO A LA JUVENTUD CONDENADA

¿Doblarán las campanas por aquellos que mueren como ganado?
Sólo la rabia monstruosa de los cañones
el rápido tartamudeo de los fusiles
pueden rezarles una breve plegaria.

Para ellos, no más ceremonias, oraciones ni campanas
ni voces de luto o salvas en coros,
Sólo el agudo, rabioso gemido de coros de obuses
y clarines llamándolos desde dolientes condados.

¿Qué candelabros pueden encenderse para ellos?
No en sus manos de niños sino en sus ojos
brillará la sagrada luz de los adioses.

La pálida mirada de las muchachas serán sus mortajas;
Sus ofrendas, la ternura de dolidos recuerdos
y cada lento atardecer se inclinará ante sus memorias.


EXTRAÑO ENCUENTRO

Pareció que yo escapaba de la batalla 
por un profundo, obtuso túnel, mucho tiempo atrás cavado
a través de granitos que abovedaron guerras titánicas
y sin embargo allí gemía gente que dormía apilada; 
demasiado firmes en el pensamiento o en la muerte para ser
perturbados.

Entonces, al tantearlos, saltó uno, y observaba 

con piadoso escrutinio en sus ojos clavados. 
Como para bendecir alzaba manos angustiadas.
Por su sonrisa recordé esa sala lóbrega, 
por su sonrisa muerta supe que estábamos en el Infierno. 
La visión de esa cara estaba graneada con mil sufrimientos. 
Sin embargo, no llegaba a ese lugar sangre desde el suelo 
ni tableteaban las armas ni gemían los morteros.
“Extraño amigo”, dije, “aquí no hay razón para el lamento”.
“Ninguna”, dijo el otro, “salvo los años deshechos, 
la desesperanza. Cualquiera sea la esperanza de que seas dueño
también lo fue mi vida. Yo me lancé, violento, a la caza, 
de la belleza más agreste que hubiera bajo el cielo 
que no yace en los ojos mansos ni el pelo trenzado
sino que se burla del paso firme del tiempo
y si se lamenta, más rico que aquí es su lamento. 
Pues podrían haberse reído muchos hombres por mi alegría 
y de mi llanto algo había quedado todavía
que debe morir ahora. Hablo de la verdad no dicha: 
la lástima de la guerra, la lástima que la guerra destiló. 
Ahora pueden irse contentos los hombres con lo que hemos
mancillado, o bien, descontentos, hervir sangrientos y derramarse.
Irán rápidos, con la rapidez del tigre, 
nadie romperá filas, aunque las naciones tomen otra vía, 
no la del progreso. Mío fue el coraje y yo tuve el misterio, 
mía fue la prudencia, y yo fui diestro 
en esquivar la marcha de este mundo en retroceso 
hacia alcázares no amurallados, hueros. 
Entonces, cuando mucha sangre haya atascado las ruedas de los 
carros, yo me levantaré a lavarla en los manantiales gratos. 
Incluso con verdades que estaban demasiado hondas para el engaño,
volcaría mi espíritu sin resguardo 
pero no por las llagas ni la letrina de la guerra.
Han sangrado las frentes de los hombres donde no había desgarro. 
Soy el enemigo, amigo, que has matado. 
Te conocí en esta oscuridad porque así ayer mostrabas 
el ceño cuando, a través de mí, has punzado y matado”. 
Le repliqué, pero mis manos estaban reacias y frías. 
“Ahora durmamos…”







viernes, 9 de mayo de 2014

Historia de Colmenar del Arroyo

A lo largo de las próximas entradas os vamos a ir mostrando entre otras cosas, los diversos monumentos y rincones curiosos de Colmenar del Arroyo, pero antes os queremos contar un poco de nuestra "historia oficial". El texto está extraído de nuestra web www.albusalbi.com 

En esta entrada de nuestro blog, encontraréis "una historia diferente" de nuestro pueblo Historia Alternativa de Colmenar del Arroyo


La primera mención escrita al origen de Colmenar del Arroyo aparece en el “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar” escrito por Pascual Madoz entre 1845 y 1850. En el se cita que “el pueblo fue fundado en el Siglo XI por pastores segovianos que apacentaban sus ganados ...”

A pesar de este dato, no es posible conocer con exactitud los orígenes del municipio, en parte debido a la escasez de hallazgos y prospecciones arqueológicas y en parte debido a las escasas referencias históricas disponibles. En los parajes “Los Becerriles, Los Cebadales y La Dehesa” existen restos de sepulturas formadas con lajas de piedra con un posible origen visigótico, así como sepulcros antropomórficos excavados en la roca, posiblemente de origen altomedieval. Los cercanos asentamientos romanos en la zona de Robledo de Chavela, las explotaciones de época visigoda en Pelayos de la Presa, así como la importancia militar que en época musulmana tenía el vado del río Perales en Navalagamella, hacen pensar en la existencia de algún tipo de asentamiento o explotación de pequeño tamaño, bastante habitual en los primeros siglos medievales y probablemente abandonado durante alguna de las turbulencias sociales o militares que caracterizaron dichos años. 

Todo parece indicar que estos primeros asentamientos fueron reutilizados por pastores llegados a la zona a finales del Siglo XI, posiblemente como consecuencia de la reciente conquista del Reino de Toledo por parte de Alfonso VI de Castilla, los cuales aprovechando la bonanza del clima, la abundancia de pastos y agua para el ganado, así como la riqueza natural de la zona, construyeron sus propios asentamientos en el actual enclave del Pajar Viejo, en el oeste del municipio.

Estos primeros pobladores aprovecharon la abundancia de abejas existentes en la zona, para construir rudimentarias colmenas en los troncos huecos de los árboles de la zona. El origen del nombre del municipio proviene sin duda de esta actividad.

La principal actividad de este primitivo asentamiento eran el pastoreo, la caza, la apicultura y una agricultura básicamente de subsistencia. La concesión por parte del monarca castellano Alfonso VIII de numerosos privilegios y Cartas Pueblas a La Comunidad y Tierra de Segovia a finales del Siglo XII, aprovechando el desplazamiento de la frontera con Al-Andalus hacia territorios más al sur, trajo como consecuencia una nueva oleada repobladora y un aumento de la población existente hasta ese momento en el municipio que recibió parcelas y nuevos parajes para ser explotados. 

Administrativamente, en esta época, Colmenar del Arroyo pertenecía al Sexmo de Casarrubios, una de las múltiples unidades organizativas en que se dividía La Comunidad y Tierra de Segovia para facilitar su gobierno.

En busca de nuevos emplazamientos para establecerse se comenzó a poblar un nuevo núcleo organizado en torno a Navazás y el Prado del Conde. Abundantes hallazgos de restos de tejas, huesos y fragmentos cerámicos así como la ubicación de la primitiva Iglesia de San Vicente avalan estas teorías. Continuó la explotación de las numerosas colmenas existentes en la zona, así como la caza y el pastoreo, comenzando una explotación intensiva de los recursos agrícolas, plantándose olmos, chopos y olivos, cereales y sobre todo labrándose huertos a ambos lados del arroyo.

De este modo, conforme aumenta la población a finales del Siglo XIII los habitantes se fueron asentando buscando la comodidad y la proximidad al arroyo y los huertos en la zona ahora conocida como Barrio de Abajo. El arroyo en aquella época era más caudaloso y menos profundo que en la actualidad, por lo que fue precisa la construcción de puentes para comunicar las huertas establecidas en sus márgenes.

Tenemos así dos núcleos de población, al Norte el primitivo Barrio de Arriba construido en torno a la Iglesia de San Vicente y el Barrio de Abajo que aglutina a los nuevos pobladores en torno al arroyo y los puentes. Una importante mención al municipio en esta época es el “Libro de la Montería” del monarca castellano Alfonso XI, escrito en torno a 1345 y en el que se describen los montes y parajes en torno a Colmenar del Arroyo y como el rey dio caza a dos osos en la denominada Peña de Ocaña.

Los escasos datos disponibles, nos indican que a lo largo del Siglo XVI, Colmenar del Arroyo continuaba siendo Cabeza de Concejo, y que las reuniones vecinales se realizaban bajo al olmo plantado en la actual Plaza de España, ya que el núcleo urbano se había ido asentando en los lugares que actualmente ocupa, convirtiéndose el arroyo y el olmo en los ejes vertebradores de la vida del pueblo.

En una de estas reuniones del Concejo, los vecinos acuerdan solicitar al Cardenal Juan de Tavera, Arzobispo de Toledo y Primado de España, licencia para la construcción de una nueva iglesia, en las cercanías de la plaza donde estaba ubicado el olmo, ya que la antigua Iglesia de San Vicente se encontraba en un estado ruinoso y su alejamiento del actual núcleo poblacional, la hacía poco accesible a los miembros más mayores de la comunidad. El Cardenal Tavera, concede la licencia para la construcción de la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora en privilegio fechado el 1 de Marzo de 1539. La obra ha sido tradicionalmente atribuida al maestro Juan de Herrera o al menos a alguno de sus discípulos y el inicio de su construcción se demoró durante cerca de 50 años debido a la falta de fondos, dándose finalmente por concluidas en Diciembre de 1615.

El rey Felipe IV otorgó en real cédula firmada el 19 de Diciembre de 1626, el título de Villa al lugar de Colmenar del Arroyo y su anejo La Chapinería, reservándose el monarca el señorío sobre las minas de oro, plata y salinas que pudieren encontrarse, quedando así desligado el municipio de la jurisdicción de la Ciudad de Segovia . Cada uno de los 76 vecinos que entonces poblaban Colmenar del Arroyo, tuvieron que abonar la suma de 15.000 maravedíes, si bien los habitantes de La Chapinería solicitaron pagar por si mismos la parte que les correspondía para solicitar a su vez la separación de Colmenar del Arroyo y su constitución como municipio libre e independiente.

Fue necesario el deslinde y amojonamiento de los respectivos términos municipales, para lo cual tuvieron que reunirse el Procurador de Segovia, varios diputados del Reino así como escribanos de los pueblos cercanos para conseguir alcanzar un acuerdo. Una vez consumada la independencia de Chapinería, comenzaron constantes pleitos y conflictos entre los vecinos de ambos pueblos.

El declive económico que asoló a España a finales del Siglo XVII, afectó al municipio, de tal manera que para hacer frente a las numerosas deudas contraídas hasta la fecha, el Concejo decidió en 1692 subastar públicamente el Señorío de Colmenar del Arroyo, siendo adquirido por un tal Alonso Camero, el cual a su vez lo vendió al duque de Noblejas en 1693 por la suma de 64.706 reales. El título de Señor de Colmenar otorgaba al Duque de Noblejas derecho a nombrar a los regidores municipales, a los oficiales de justicia, así como a percibir determinados impuestos.

De esta época tenemos una mención en el catastro elaborado por el Marqués de la Ensenada en 1752 en el que figuran 71 vecinos. En las Descripciones o Relaciones elaboradas por el Cardenal Lorenzana en 1784, el pueblo aparece calificado como insalubre debido a su situación pantanosa y al pésimo estado en que se encuentra el cauce del arroyo. La población se ha reducido hasta los 50 vecinos, sin duda por las malas condiciones sanitarias y las epidemias periódicas que asolaban la zona.

La principal actividad del municipio continua siendo la agricultura, cereales en las tierras de secano y algarrobos, olivos y viñedos en los márgenes del arroyo. Las colmenas, antigua fuente de riqueza para el pueblo aparecen reducidas a tan solo 48 en esta época. La ganadería continuaba siendo una importante fuente de ingresos, tomando especial importancia la porcina frente a las tradicionales equina, vacuna y ovina. Otra fuente de ingresos era la explotación de prados y pastos comunales.

De gran trascendencia para Colmenar del Arroyo fue el decreto promulgado por las Cortes Generales reunidas en Cádiz en 1811 por el que quedaban abolidos todos los señoríos jurisdiccionales y los vasallajes, que tanto habían condicionado el desarrollo de la comarca. Transcurridos 25 años desde la promulgación del decreto, el Duque de Noblejas continuaba dominando Colmenar del Arroyo, por lo que el Concejo promovió un pleito ya que se negaba a abonar la indemnización exigida por el Duque para renunciar a sus derechos sobre el Señorío. Desafortunadamente el fallo final no es conocido y en 1833 el rey Fernando VII promulgó el Decreto de las Provincias, dividiendo el territorio nacional y a consecuencia del cual Colmenar del Arroyo pasó a integrarse en la provincia de Madrid, abandonando todos los lazos con la provincia de Segovia. El pueblo perteneció en un principio al Partido Judicial de Navalcarnero para integrarse en 1887 en el de San Lorenzo de El Escorial.
Gran repercusión tuvieron también en Colmenar del Arroyo los decretos desamortizadores promulgados por el Ministro de Hacienda Juan Álvarez de Mendizábal en 1836 por el numerosos predios, prados, huertos y viñas pertenecientes a la parroquia y a las cofradías religiosas fueron incautados por el Estado y vendidos a precios irrisorios al mejor postor.

El siglo XX vio aumentar la población hasta los 490 vecinos, con la agricultura y la ganadería como pilares básicos de la economía del municipio. En 1927 el alcalde hizo construir la actual Fuente del Caño que canalizó el agua que bajaba de un manantial ubicado en la antigua zona de Navazás.

Como ultimas reseñas históricas citaremos la construcción de las escuelas y del lavadero municipal a comienzos de la década de los cincuenta así como el definitivo encauzamiento del arroyo.
Actualmente Colmenar del Arroyo continúa explotando la agricultura y la ganadería de forma prácticamente testimonial, dedicándose a la oferta turística y como segundo lugar de residencia.





 
Iglesia de la Asunción de Nuestra Señor
a


Puente de El Caño
 

Antigua compuerta del Molino de Retes  

Caz o canal que llevaba el agua al cubo de presión del molino

Piedra de molino conservada entre los restos aledaños al molino
 

Molino de El Cubo

Piedra de molino y salida del cubo de presión del Molino de El Cubo

El Lazareto


Restos sepultura tardorromana en el entorno de El Caño


Conduccion de agua procedente del Acueducto de Segovia


El Caño


Puente de La Fragua


Espadaña de la antigua Iglesia de San Vicente


Potro de herrar


Urna cineraria o posible sepulcro infantil de origen tardorromano o visigodo


Fortines de la Guerra Civil Española (Vista posterior)


Fortines de la Guerra Civil Española


Bonita casa en ruinas


Abrevadero


La Noria de las Huertas


Caz del Molino de Las Viñas


Arco bajo el caz del Molino de Las Viñas