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jueves, 19 de febrero de 2015

Fortines de la Guerra Civil Española en Colmenar del Arroyo








Este fortín circular construido durante la Guerra Civil Española (1936-1939), es una de las obras más completas de estas características en toda la Comunidad de Madrid. 

Se localiza en Colmenar del Arroyo (Madrid), fuera del casco urbano, en la M-610, antes del desvío hacia Fresnedillas de la Oliva. 

Fue construido entre Noviembre de 1938 y Enero de 1939 como refuerzo del flanco izquierdo del sector Nacional, para evitar un posible ataque Republicano como el ocurrido en Julio de 1937 en la Batalla de Brunete, cuando tropas de la República estuvieron a punto de embolsar y aniquilar parte de las tropas Nacionales que asediaban Madrid, si bien la falta de iniciativa y una evidente mala dirección, hicieron fracasar estrepitosamente la ofensiva. 

A finales de 1938 el mando del Ejército Nacional, idea un plan para la defensa de las encrucijadas y cruces de las principales vías de comunicación del flanco Oeste de la Sierra. La finalidad de dicho programa era tanto impedir el progreso de fuerzas Republicanas que actuaban a menudo de manera autónoma y desordenada a esas alturas de la contienda, como servir de refugio a tropas nacionales aisladas o desbordadas por las continuas modificaciones de la línea de combate en torno a la ciudad de Madrid. 

Su construcción responde al tipo de bunker denominado “Blockhaus”, que ya había demostrado su determinante importancia durante gran parte de la guerra de trincheras, desarrollada en el Frente Occidental durante la Primera Guerra Mundial, con eficacia demostrada en impresionantes asedios como los de Ypres o Verdún. 

El proyecto inicial contemplaba la construcción de otros 16 fortines del “tipo blockhaus” en otros tantos nudos de comunicación de la zona, así como la construcción de otro bunker gemelo al otro lado de la carretera, unido al actual mediante un subterráneo que aún se conserva, si bien el final de la guerra, finalmente hizo innecesaria su construcción. 

Numerado con el Nº 13, el Blockhaus de Colmenar del Arroyo cuenta con un cuerpo central cilíndrico, con cuatro nidos semiesféricos con cubiertas abovedadas, situados en extremos opuestos, atronerados y conectados entre sí por un pasillo deambulatorio con fusileras. En su parte superior cuenta con un anillo de hormigón, cuya finalidad real no era ni recoger agua (aunque tiene un sistema de evacuación mediante tubería, para dar salida a la que se pudiera almacenar) ni para proteger a sirvientes de eventuales armas, antiaérea o mortero. Se trata de un muro espaldón, que protegía la espalda de los que desde esa cubierta se defendieran arrojando bombas de mano o con fuego de fusilería. Caso de caer un proyectil en ese sitio el muro limitaba los daños de la metralla a quienes estuvieran en el lugar del impacto, salvando a los demás. El acceso al interior del reducto se realiza bien a través del túnel inconcluso destinado a la conexión con el fortín gemelo o desde el exterior a través de dos escalinatas metálicas que conducen al cuerpo central desde el que un estrecho acceso con escalinata permite el acceso al interior. El búnker cuenta con una red propia de saneamiento y evacuación de aguas, así como una zona exterior de defensas mediante zanjas, trincheras y alambradas. 

Gracias a las recientes labores de limpieza y puesta en valor de este yacimiento por parte de la Comunidad de Madrid, se ha descubierto una inscripción en la que acredita su construcción a la 2ª Compañía del Batallón de Zapadores Nº 7, perteneciente a División 71 del Ejército Nacional entre Noviembre de 1938 y Enero de 1939.. El diseño de este tipo de búnker fue tomado como definitivo y utilizado en la construcción de otras fortificaciones en puntos clave para las comunicaciones con el frente. 

Actualmente, tras su limpieza y restauración por parte de la Comunidad de Madrid, el Blockhaus Nº 13 de Colmenar del Arroyo, ha sido incluido en la Red de Yacimientos Visitables volviendo a ocupar el lugar que se merece entre los vestigios de la Comunidad de Madrid de esa horrible guerra que no hace demasiado tiempo desangró nuestro país.

Queremos agradecer a Ricardo Castellano Ruiz de la Torre, las correcciones y puntualizaciones realizadas al texto, aclarándonos el uso y destino de alguno de los elementos del Blockhaus 13. 

Si os interesa saber más sobre el tema, os recomendamos sus libros"Los restos del Asedio" donde nos habla de su origen y planificación y "Arquitectura de la Guerra Civil en la Comunidad de Madrid. Sector de la Batalla de Brunete" con un estudio en profundidad. También os recomendamos una visita a la web www.colectivoguadarrama.org para más información.


Os dejamos un reportaje sobre el Blockhaus 13 realizado justo antes de la restauración os animamos a visitar nuestros Alojamientos Rurales Albus Albi en Colmenar del Arroyo donde tenemos información personalizada a vuestra disposición en el caso de que os interese visitar el Brockhaus 13 y el resto de maravillas que esconde nuestro Bonito Pueblo.



Vista General de los Fortines desde el Norte
Detalle de los Fortines desde el Norte
Flanco Oeste
Aproximación al flanco Oeste. Se pueden observar restos  de una de las trincheras delante del nido fortificado a la derecha de la fotografía
Nido y fusileras en el flanco Oeste

Fusileras y escalera de acceso Oeste

Vista desde el flanco Sur
Fusilera
Tronera del flanco Norte
Vista del Blockhaus Nº 13 desde el flanco Este. el túnel que se aprecia comunicaría con otro búnker gemelo situado al otro lado de la carretera, que no llegó a construirse
Otra vista del flanco Este y el túnel de acceso

Interior del túnel de acceso al interior del Blockhaus Nº 13


Detalle flanco Este y escalera de acceso


Detalle de nido fortificado en flanco Norte


Flanco Norte

Tronera

Escalera de acceso desde el flanco Este


                   Parte superior del blocao. La pieza circular protegía la espalda de los que desde esa cubierta se defendieran arrojando bombas de mano o con fuego de fusilería.
                          Parte superior del búnker, detalle de pieza circular de protección, deambulatorio y escalas de acceso. A la derecha se puede apreciar el estrecho acceso de entrada a la fortificación

                                   Detalle de la escalera del flanco Oeste y escala de acceso a la banqueta, especie de deambulatorio para disparar desde la parte superior del blocao

Detalle de la escala y de la banqueta. A la izquierda se pueden apreciar trazas del forjado del búnker

Escala de acceso al búnker


                                         Escala de acceso desde el interior del búnker. El tubo metálico en la parte superior izquierda servía para conducir las aguas recogidas en la pieza circular exterior

    Pasadizo de acceso al interior del búnker desde la escalera de entrada


Interior del Blockhaus Nº 13. Se puede observar en el suelo una canalización de desagüe


Vista a través de una de las fusileras del flanco Sur


Acceso al nido fortificado del flanco Sur


Al fondo, acceso al nido fortificado del flanco Oeste


Acceso nido fortificado flanco Norte


Acceso nido fortificado flanco Este


Interior del nido fortificado del flanco Oeste


Vista desde una de las troneras del flanco Oeste


Tronera flanco Oeste


Interior del nido fortificado del flanco Norte


Vista a través de las troneras del nido fortificado del flanco Norte


Acceso al túnel de comunicación con el búnker gemelo no construido


Cámara superior (posible almacén de mercancías) sobre túnel de comunicación


Planta y sección del Blockhaus Nº 13
Sección

Detalle de inscripción de la 2ª Compañía del Batallón de Zapadores Nº 7





Si os ha gustado y necesitáis más información podéis visitar nuestra web www.albusalbi.com  o nuestro perfil de Facebook Alojamientos Rurales Albus Albi www.facebook.com/Albusalbi


lunes, 10 de noviembre de 2014

Wilfred Owen, Poeta y Héroe de la Primera Guerra Mundial




En 2014 conmemoramos el centenario de la Primera Guerra Mundial, uno de los horrores que ensombrecieron la primera mitad del Siglo XX, una guerra que comenzó casi sin quererlo como un juego de soldaditos y que acabó convirtiéndose en una espantosa carnicería que acabó con la vida, las ilusiones y las esperanzas de toda una generación de jóvenes de todas las nacionalidades.

La Primera Guerra Mundial supuso el empleo masivo de nuevas armas letales como las ametralladoras, las granadas, los lanzallamas, la artillería de gran calibre, los tanques, los gases asfixiantes, la aviación o el uso masivo de submarinos.

El espanto fue tal, que tanto en los países anglosajones como en Francia y Alemania siguen llamándola la Gran Guerra, con cifras tan horribles como los 11 millones de soldados fallecidos, 21 millones de heridos y mutilados, casi 8 millones de desaparecidos y 9 millones de víctimas entre la población civil. Para que os hagáis una idea, 2 de cada 8 soldados murieron en esta guerra. Cifras frías, tan sólo números escritos en papel, pero cada una de esas víctimas tiene su propia historia, su propio futuro truncado, sus alegrías, sus sufrimientos, sus sueños, sus esperanzas.

Y eso es precisamente lo que quiso contar Wilfred Owen. El sufrimiento cotidiano, la incertidumbre de la muerte espantosa, el espanto de ver morir a sus camaradas, la ausencia de futuro o esperanza,  el horror de los bombardeos, la atrocidad del gas, el dolor y el desgarro.

Muchos jóvenes de todos los bandos contendientes se alistaron en sus respectivos ejércitos, bajo la promesa de gloria y honor, pensando que el conflicto se solventaría en unos pocos meses y volverían a sus hogares como héroes.

En las trincheras dejaron su juventud, su cordura o su vida pintores como Otto Dix, Georges Braque, Henri Gaudier-Brzeska, Oskar Kokochka y escritores como Ernest Hemingway, Ernst Jünger, Robert Graves, Guillaume Apollinaire, Robert Musil, J.R.R. Tolkien, Filippo Tommaso Marinetti, Sigfried Sassoon o C.S. Lewis.

Wilfred Owen, como la mayoría de sus camaradas, se había embarcado en aquella carnicería, totalmente convencido de que era su deber y orgulloso de su patriotismo: aquellas grandes palabras de las que se hinchaban las bocas de la Prensa y de los políticos. Pero la guerra era otra cosa, y nadie se lo había contado.

Y allí, en las trincheras, con el barro hasta el cuello, con las nubes de gas clorhídrico envenenando el aire, y los obuses alemanes despanzurrando a sus camaradas, supieron de golpe lo que era, y perdieron algo más que la vida: sus sueños, sus ilusiones, quizá una familia, la fe en los seres humanos.

Owen había vuelto a la batalla a petición propia, cuando aún estaba convaleciente de pasadas heridas. No era de los que se arredraban. Pero sí fue de los primeros y más clarividentes en comprender de qué iba aquello de la guerra en las trincheras.

Y su testimonio conmovedor es el que traemos hoy a "Desde Albus Albi".

Ecos del Dante de los infiernos, de Shelley, de Yeats, retumban en estos versos como las explosiones. Y el miedo, el terror, el pavor, la masacre:

«¡Gas! ¡Gas! ¡Rápido todos. / Tanteando / torpemente / nos pusimos las máscaras a tiempo. / Pero hubo uno que gritaba todavía / y se agitaba como un hombre en llamas. / A través del visor y de la niebla verde /como hundido en el mar,/ vi que se ahogaba».

Owen se rebela contra el Destino, contra la figura bíblica del padre que les ha llevado a la matanza, y clama en el desierto de la Segunda Batalla del Sambre, una de las más espantosas de la contienda. La voz de Owen es aterradoramente humana: 

«Mi grasa será grano, mi savia para todos. / Sin duda, un día... / Amigo ten por cierto / creo que con las plantas estaré mejor, en paz / con la lluvia y el prado, como antaño /solían empaparme cuando niño».

Un anónimo disparo alemán acabo con su vida el 4 de Noviembre de 1918 mientras cruzaba junto con sus camaradas de regimiento el canal Sambre-Oise.

Su madre recibió la noticia de su muerte el 11 de noviembre de 1918, una semana después de su muerte. Aquel día se firmaba el armisticio, y dicen que estallaba la paz

Si queréis leer más cosas de Wilfred Owen os recomendamos su libro "Poemas de Guerra", editado en castellano por la editorial Acantilado.

Si queréis leer más cosas de la Primera Guerra Mundial os recomendamos "La Primera Guerra Mundial" de Martin Gilbert, "Historia de la Primera Guerra Mundial" de David Stevenson o "1914" de Margaret MacMillan sobre las causas que condujeron a Europa a la locura.

Si queréis ver alguna película sobre la tragedia que supuso la Primera Guerra Mundial,  os recomendamos la desgarradora"Johnny cogió su fusil" de Dalton Trumbo, "Senderos de gloria" de Stanley Kubrick o "Gallipoli" de Peter Weir.

Os dejamos una muestra de la obra de Wilfred Owen.





DULCE ET DECORUM EST (Dulce y honorable es...)

Torcidos, como viejos mendigos bajo sus hatos,
renqueando, tosiendo como brujas, maldecíamos a través del lodo,
hasta que donde alumbraban las luces de las bengalas nos dimos la vuelta
y hacia nuestra lejana posición empezamos a caminar afanosamente.
Los hombres marchaban dormidos. Muchos habían perdido sus botas
Pero abrumados avanzaban sobre zapatos de sangre. Todos cojos, todos ciegos;
Borrachos de fatiga, sordos incluso al silbido de las balas
Que los cansados cañones de calibre 5.9 disparaban detrás de nosotros.


“¡Gas, gas! ¡Rápido, muchachos!”; un éxtasis de desconcierto,
Poniéndonos los toscos cascos justo a tiempo;
Pero alguien aún estaba gritando y tropezando
Y ardía retorciéndose, como ahogándose en cal viva…
Borroso, a través de los empañados cristales de la máscara y de la tenue luz verde,
Como en un mar verde le vi ahogarse.
En todas mis pesadillas, ante mi impotente mirada,
Se desploma boqueando, agonizando, asfixiándose.

Si en algún sofocante sueño tú también puedes caminar
Tras la carreta en la que lo pusimos,
Y mirar sus blancos ojos moviéndose
En su desmayada cara, como un endemoniado.
Si pudieses escuchar a cada traqueteo
El gorgoteo de la sangre saliendo de sus destrozados pulmones,
Repugnante como el cáncer, nauseabundo como el vómito
De horrorosas, incurables llagas en lenguas inocentes,
Amigo mío, no volverías a decir con ese alto idealismo
A los ardientes jóvenes sedientos de gloria
La vieja mentira: “Dulce et decorum est pro patria mori”.


HIMNO A LA JUVENTUD CONDENADA

¿Doblarán las campanas por aquellos que mueren como ganado?
Sólo la rabia monstruosa de los cañones
el rápido tartamudeo de los fusiles
pueden rezarles una breve plegaria.

Para ellos, no más ceremonias, oraciones ni campanas
ni voces de luto o salvas en coros,
Sólo el agudo, rabioso gemido de coros de obuses
y clarines llamándolos desde dolientes condados.

¿Qué candelabros pueden encenderse para ellos?
No en sus manos de niños sino en sus ojos
brillará la sagrada luz de los adioses.

La pálida mirada de las muchachas serán sus mortajas;
Sus ofrendas, la ternura de dolidos recuerdos
y cada lento atardecer se inclinará ante sus memorias.


EXTRAÑO ENCUENTRO

Pareció que yo escapaba de la batalla 
por un profundo, obtuso túnel, mucho tiempo atrás cavado
a través de granitos que abovedaron guerras titánicas
y sin embargo allí gemía gente que dormía apilada; 
demasiado firmes en el pensamiento o en la muerte para ser
perturbados.

Entonces, al tantearlos, saltó uno, y observaba 

con piadoso escrutinio en sus ojos clavados. 
Como para bendecir alzaba manos angustiadas.
Por su sonrisa recordé esa sala lóbrega, 
por su sonrisa muerta supe que estábamos en el Infierno. 
La visión de esa cara estaba graneada con mil sufrimientos. 
Sin embargo, no llegaba a ese lugar sangre desde el suelo 
ni tableteaban las armas ni gemían los morteros.
“Extraño amigo”, dije, “aquí no hay razón para el lamento”.
“Ninguna”, dijo el otro, “salvo los años deshechos, 
la desesperanza. Cualquiera sea la esperanza de que seas dueño
también lo fue mi vida. Yo me lancé, violento, a la caza, 
de la belleza más agreste que hubiera bajo el cielo 
que no yace en los ojos mansos ni el pelo trenzado
sino que se burla del paso firme del tiempo
y si se lamenta, más rico que aquí es su lamento. 
Pues podrían haberse reído muchos hombres por mi alegría 
y de mi llanto algo había quedado todavía
que debe morir ahora. Hablo de la verdad no dicha: 
la lástima de la guerra, la lástima que la guerra destiló. 
Ahora pueden irse contentos los hombres con lo que hemos
mancillado, o bien, descontentos, hervir sangrientos y derramarse.
Irán rápidos, con la rapidez del tigre, 
nadie romperá filas, aunque las naciones tomen otra vía, 
no la del progreso. Mío fue el coraje y yo tuve el misterio, 
mía fue la prudencia, y yo fui diestro 
en esquivar la marcha de este mundo en retroceso 
hacia alcázares no amurallados, hueros. 
Entonces, cuando mucha sangre haya atascado las ruedas de los 
carros, yo me levantaré a lavarla en los manantiales gratos. 
Incluso con verdades que estaban demasiado hondas para el engaño,
volcaría mi espíritu sin resguardo 
pero no por las llagas ni la letrina de la guerra.
Han sangrado las frentes de los hombres donde no había desgarro. 
Soy el enemigo, amigo, que has matado. 
Te conocí en esta oscuridad porque así ayer mostrabas 
el ceño cuando, a través de mí, has punzado y matado”. 
Le repliqué, pero mis manos estaban reacias y frías. 
“Ahora durmamos…”